Cuando menos te lo esperas, cuando no
deseas nada, el teléfono suena y escuchas
la voz de quien con su sola mirada es capaz
de serenarte.
Y sin más ni menos, ahí está. La miras fijo
y te das cuenta que lo darías todo por ella y
que no son necesarias las palabras.
Después de todo, lo mejor es lo que más cuesta.
Todo vale la pena.